La Hoya

COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

De arreglar aviones en Mallorca a crear piezas en 3D para solucionarlo todo

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Mateo Torrijos trabaja con la fresadora CNC en las instalaciones del CEEI Aragón en Huesca, donde trabaja y desarrolla su modelo de negocio.
Mateo Torrijos trabaja con la fresadora CNC en las instalaciones del CEEI Aragón en Huesca, donde trabaja y desarrolla su modelo de negocio.
Pablo Segura

Igual crea una pieza ligera para un dron, que utillaje de cerrajería, que restaura un mueble del siglo XVI de la Catedral de Huesca, que fabrica un cartel diseñado por Isidro Ferrer o un abrebotellas de maíz con las pajaritas de Huesca, que se vende en Ultramarinos La Confianza. Mateo Torrijos Pallarés, de 32 años, es un “artesano digital”, dos palabras aparentemente opuestas pero que componen la definición de su trabajo, técnicamente, fresado CNC e impresión 3D. En realidad podría simplificarse en una: inventor -eso sí, del siglo XXI-, que diseña cualquier pieza inexistente en el mercado que se necesite para solucionar un problema. Todo surgió cuando arreglaba aviones en Mallorca, y fue su oportunidad para volar y regresar a sus raíces.

Torrijos estudió Automoción, mecánico de coches, y después, obtuvo la certificación en aviación civil para reparaciones en aviones de turbina. “Trabajando en Palma de Mallorca, me enseñaron un programa de diseño en 3D, y me quedé prendado. Hasta hoy”, recuerda con un tono de voz que destila entusiasmo.

“Trabajando en Palma de Mallorca, me enseñaron un programa de diseño en 3D, y me quedé prendado. Hasta hoy”

Y entonces se instaló en Naval. “Estuve durante un año comiendo arroz con pimientos y me compré una fresadora para poder venir al pueblo”, explica. “Monté un taller en la casa del pueblo de mi novia y ahí estuve un año esperando a que vinieran los clientes, pero no tenía sentido y me bajé a Huesca. Creía que solo tenía que aprender a fabricar, pero pensaba que las cosas de vendían solas y de eso nada”, dice para explicar su bisoñez.

Trabajó durante dos años en la empresa de Julio Luzán, en Tecmolde, en Loporzano. Entonces se puso su taller en casa y seguía haciendo piezas, hasta que tuvo la oportunidad de instalarse en el CEEI Aragón -en Cuarte, frente al Parque Tecnológico Walqa- hace poco más de año y medio. Ahora, “disfruto del asesoramiento de los profesionales del CEEI y estamos trabajando en mi modelo de negocio y nicho de mercado”, indica. Su empresa MTP, está en activo.

Participó también en el programa ‘Revuelta Rural’ en Sariñena, en el que recibieron formación para el Elevator Pitch, para saber contar en público a qué se dedica. En cuanto al futuro, “de momento voy a aprovechar todo lo que pueda el ecosistema CEEI, no solo por las instalaciones, sino por lo que conlleva de apoyo al emprendimiento. Es de gran valor estar cerca de Huesca, en el medio rural, simplemente por las vistas que tenemos aquí, o en otras muchas ubicaciones próximas a la autovía, por el potencial logístico”, explica.

Con un ordenador, una máquina y mucho amor

Mateo Torrijos se dedica a la fabricación de series cortas, piezas únicas y prototipos, como define él mismo. Simplemente, una persona, un ordenador y una máquina trabajando en conjunto, con materiales como plásticos, madera y fibra de carbono. “En realidad, es una heramienta que se mueve en una superficie de trabajo, parte de un bloque de material y obtiene la pieza que hay escondida en su interior”, detalla.

Por ejemplo, “una aplicación para un material de alto rendimiento como la fibra de carbono es para la fabricación de chasis de drones de carreras y de grabación, que obtienen unos planos impresionantes que no se pueden conseguir a través de otro medio. Estas máquinas, que tienen que pesar muy poco, necesitan materiales de muchas prestaciones, con el mismo peso que el acero son cinco veces más resistente”, explica. Además, ha impreso en 3D componentes para grabaciones de drones o utillaje de fotografía, para fotografía macro utilizada en la investigación; una órtesis para un dedo en resorte; o un túnel de ventilación para que se pueda colocar la manta sobre la cabeza del paciente y que no se le obstruyan las vías respiratorias.

“Hay gente que necesita pequeñas modificaciones, pero que ganan mucho en rendimiento en lo que estén haciendo y los componentes estándar no se lo aportan”, indica sobre las ventajas del fresado CNC y de la impresión 3D frente a las técnicas convencionales. “No se trata solo de fabricar piezas sino de encontrar soluciones a los problemas que tienen los clientes”, resume.

Ahora, desarrolla los proyectos que le van encargando y con cada uno de ellos introduce nuevos materiales o procedimientos. “Lo complicado es conseguir explicar a los clientes los beneficios que les pueden reportar este tipo de actividades industriales, que es donde más tengo que trabajar, porque las capacidades de este tipo de tecnología son impresionantes”, indica. De ahí, que valore tanto la posibilidad de estar en el CEEI, por lo que en la práctica dice que no se puede considerar que trabaja solo.

En el CEEI el apoyo es absoluto, tanto por el personal que trabaja en Huesca, como el de Zaragoza y Teruel. Nos han facilitado mucha formación en Zaragoza con personal muy cualificado en la material y eso siempre es bienvenido”, indica. “Tenemos mucho apoyo porque si te suscribes a los boletines de todo lo que se hace siempre acabas haciendo una formación interesante, estando en unas instalaciones como éstas o conociendo a alguien que tiene mucha experiencia en un campo parecido al tuyo y puede darte su opinión”, indica.

Todo parece muy digital, pero sus máquinas funcionan propulsadas por amor. Mateo Torrijos agredece a su familia, amigos, colaboradores, clientes y, por supuesto, a su novia Alba Aventín, esa energía que hace bullir cada día las ideas en su cabeza y que pone en marcha la fresadora y la impresora 3D.  

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