La Hoya

COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

Rosario Romero: “En Loporzano se creó la Plataforma Ciudadana y hemos hecho trabajos de investigación”

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Rosario Romero disfruta de la lectura y de trabajar en sus investigaciones desde su casa de Loporzano.
Rosario Romero disfruta de la lectura y de trabajar en sus investigaciones desde su casa de Loporzano.
S. E.

UNA VEZ que catas la golosina de vivir en un pueblo...”, apunta Rosario Romero, sin de necesidad de terminar la frase. Esta profesora de Didáctica de la Expresión Corporal, de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, llegó desde Zaragoza con su pareja, también profesor del campus, y embarazada de su segundo hijo a trabajar a la capital oscense. Ninguno dudó en apostar por vivir en el campo para “llevar una vida más natural”, entre otras razones, y se asentaron en Loporzano. Unos 22 años después, siguen convencidos de haber encontrado su lugar: “lo tenemos clarísimo”. “Puedo investigar, llevar una vida más sana y hay un movimiento cultural interesante”, resume Romero.

“Al venir al medio rural tienes muchas dificultades, pero muchas otras ventajas. Al principio y cuando eres más joven, piensas que si la cosa no va bien, te puedes ir a Huesca, pero la verdad es que una vez que lo pruebas... es una ventaja a todos los niveles, especialmente humano”, recalca. “En este núcleo hay mucha simbiosis entre las personas de aquí y los que hemos llegado, siempre nos hemos sentido en casa y nos hemos implicado. Hay una relación fantástica”, asegura.

En cuanto al trabajo, “ahora es mucho más cómodo porque la preparación de las investigaciones, la búsqueda bibliográfica, en estos momentos se hace vía internet, excepto las partes aplicativas”, indica. A pesar de que Loporzano fue uno de los pueblos en los que internet se instaló con el plan de la DGA y entonces quedó fuera del de la DPH, finalmente llegó también con Embou, y aún con esa dificultad, a Romero le merece la pena la vida en el pueblo. “Ahora me acaban de publicar un artículo en una revista, y todo lo puedo hacer desde aquí sin problema”, comenta.

Rosario Romero es investigadora de formación inicial de profesorado en Educación Física, para quienes van a dar clase en Secundaria o Bachillerato. Concretamente, trabaja desde las emociones y las implicaciones afectivas y en su último artículo publica los resultados de analizar las variables psicológicas que determinan que las personas practiquen educación física. Su trabajo académico y de investigación lo puede desarrollar plenamente viviendo en Loporzano pero, además, resalta otros aspectos de su vida en esta localidad, con los que ni siquiera soñaban cuando llegaron.

“Se formó la Plataforma Ciudadana (Loporzano sin ganadería extensiva) y, en su seno, hemos hecho trabajos de investigación. Hemos colaborado con el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) con un proyecto de ciencia ciudadana para hacer mediciones de agua, los niveles de nitratos... Es muy gratificante contribuir a ello desde el pueblo. Nos ha unido mucho esta actividad, porque ha sido muy productiva y nos ha ayudado a conocer mejor el entorno”, comenta. “

En este sentido, explica que han colaborado con el proyecto Ríos Ciudadanos, también de ciencia ciudadana, con una red de voluntarios para monitorizar la calidad del agua de los ríos de Aragón; con el Instituto Pirenaico de Ecología, con Greenpeace... “Es otra variante que no me podía ni imaginar”, resume Rosario Romero. “Siempre hay amenazas de que te pongan algo y no puedas vivir aquí, pero te pones a funcionar... y merece la pena”, destaca.

Al mismo tiempo, resalta que desde la Comarca de La Hoya de Huesca y el Ayuntamiento se realizan muchas actividades. “Tenemos un coro para aprender a trabajar la voz, que conducen Alba y Javier, un club de lectura... Dentro de la dimensión del municipio, hay un movimiento cultural interesante”, comenta Romero, en alusión también a la unidad que se ha conseguido entre los vecinos de siempre y los que como ellos se han asentado allí en las últimas décadas.

En cuanto a los inconvenientes de contar con menos servicios que una capital, no niega que ha tenido que hacer esas temidas salidas de madrugada para ir a recoger a sus hijos, cuando alguien se plantea irse a vivir a pueblo del entorno de Huesca, pero también asegura que siempre le ha compensado. “Mi hijo pequeño -21 años- ya es totalmente de pueblo, implicado con la naturaleza. Es técnico deportivo y se dedica a dar clases de esquí, actividades deportivas... Nos ha salido bien la jugada”, indica. Vivir en un pueblo como Loporzano es “muy chulo y animaría a la gente a que lo probara”, concluye.

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