Ribagorza

ENTREVISTA

Ramón Auset: “Hubo mucha vida en Castarlenas, un enclave con un clima excepcional”

El arquitecto impulsa una campaña para salvar la portada plateresca de la iglesia de esta localidad deshabitada del Valle del Sarrón

Ramón Auset
Ramón Auset
E.F.

Ramón Auset fue el último vecino de Castarlenas en cerrar su casa después de que la falta de servicios impidiera continuar residiendo allí y tras el expolio de vándalos y anticuarios. La localidad, cuya imponente iglesia domina el Valle del Sarrón junto al embalse de Barasona, es ahora objeto de una intensa campaña para salvar la portada plateresca de su iglesia, en la que Auset participa activamente.

Hace una década, trató de impulsar una actuación para proteger la cubierta y salvar el templo que no prosperó y, ahora, con un grupo en el que figura el historiador Francisco Martí, Auset, arquitecto técnico de profesión, lucha por preservar al menos la singular portada.

Su familia, descendiente de Joaquín Costa, compró la vivienda en Castarlenas para tener una casa de campo cerca de Graus. “El pueblo vivía de la ganadería, cabras y ovejas, y del olivar y algo de almendro, además, todo el mundo tenía su huerto y sus gallinas. Había más de 50 casas. Yo he visto los pupitres de la escuela, el horno de la panadería, varias prensas. Hubo mucha vida en Castarlenas, un enclave con un clima excepcional, como marca la pita del Mediterráneo de la ladera”, dice.

Castarlenas estuvo habitado hasta 1970. “Se abandonó porque la luz no llega y el agua es escasa. Hay una fuente encima del pueblo que se racionada porque manaba poco y los caminos eran cada vez más intransitables. Con el pantano al lado, era fácil subir agua, pero hubo desidia de las administraciones”, lamenta Auset, cuya familia siguió abriendo la casa hasta el final. “Los últimos residentes fijos bajaron a Graus y, mientras vivieron y cultivaron sus tierras, se mantuvo dentro de su abandono. Al cabo de poco tiempo, llegó la expoliación y los anticuarios. La casa que tenemos se pudo mantener un tiempo porque íbamos subiendo y reparábamos lo que nos encontrábamos. Pero hubo dos momentos cruciales, porque las tejas de los demás edificios se vendieron y, sobre todo, cuando Graus intenta recuperar la prensa de aceite que hoy está en la plaza de la Compañía de la villa y se tiran la mitad de los edificios del pueblo para sacarla”, recuerda.

La iglesia de Castarlenas (siglo XVI), construida en piedra con contrafuertes y ladrillo, es de nave única con dos capillas a cada lado. “Lo más clásico es la galería de ladrillo que corona edificio, típica aragonesa, y la torre de varios”, señala.

El intento de Auset de cubrirla con carpas hace una década no fructificó y hoy la techumbre se ha hundido. De ahí que los esfuerzos se centren ahora en la portada renacentista plateresca con motivos de ornamentación indianos, desnudos, angelotes y otros, con dos columnas corintias que aguantan el friso. “Sería fácil de recuperar porque no tiene peso encima”, considera. “El clero y las administraciones se han de poner de acuerdo. Necesitamos un proyecto de cómo sacarla, cómo transportarla y dónde montarla. La idea es que fuera en Graus, donde está ya la prensa”, apuntó priorizando su protección. 

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