Ribagorza

COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

“El trato tan cercano no lo habíamos tenido nunca y nos gusta mucho”

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Fran e Itziar, en Chía.
Fran e Itziar, en Chía.
E. F.

Fran e Itziar regentan desde hace casi un mes el Bar Cafetería La Serreta de Chía, en la plaza Mayor. La concesión municipal de este local, imprescindible en el día a día de la localidad ribagorzana, se completa con un piso de más de 100 metros cuadrados, también propiedad del Consistorio. Procedente de Calafell, en Tarragona, aunque en el caso de ella muy vinculada a la zona, el matrimonio está pletórico ante este reto profesional y personal que “parece hecho a medida para nosotros”, confiesan. “Ojalá podamos jubilarnos aquí”, aseguran, agradecidos por esta oportunidad.

Itziar tiene una relación muy especial con el valle de Benasque. “Mi padre hizo la plaza de Chía, donde está el bar, hace muchos años. Era de Barbastro y, aunque tenía casa en Calafell, su ilusión era construirse una casa en el valle. Al final pudo hacerlo y pasaba 5 meses en Calafell y 7 meses en Villanova”, explica con cariño. Recuerda la estancia de su madre en la residencia de Castejón de Sos. “Decidí que mi ilusión era venirme aquí. Mi marido, cuando lo conoció, se enamoró e hicimos la prueba en verano de venir a trabajar”, relata retrocediendo al de este mismo 2022.

“Estábamos trabajando en Benasque y Castejón de Sos con la idea de montar nuestro propio negocio”, explica Fran, ambos en el ramo de la restauración. “Nos dijeron que el bar restaurante de Chía, que tenía tienda, salía a concurso por el Ayuntamiento, y nos pareció bonito porque era nuestra ilusión”.

Fran e Itziar lo vieron claro y mandaron la documentación. “Estamos muy contentos y fue una gran sorpresa. Todo fue muy rápido porque firmamos el miércoles (26 de octubre) y empezamos el viernes del puente de Todos los Santos. La gente nos acogió, tenían ganas de bar porque lo tienen arraigado”.

“Entre semana es algo más tranquilo, pero los fines de semana, con los cazadores y las segundas residencias, se anima mucho”. También la temporada de verano suele ser muy animada, si bien el establecimiento es capital en la vida diaria de los vecinos de Chía. “Es un bar restaurante, pero también un local social. Vienen los mayores a jugar a las cartas o los niños a jugar al monopoli. Familias el fin de semana y mucha segunda residencia”, explican refiriéndose al cumpleaños de un niño que organizaron en los primeros

días, cuando las familias les encargaron una cena de Halloween para los más jóvenes de Chía. “Estamos encantados”, confiesan sonrientes y conjuntados, con un uniforme diseñado por ellos que plasma la ilusión que desprenden y que, a modo de broma, dicen que formaba parte del contrato.

“Tenemos una carta de platos combinados y bocadillos. Tablas de quesos, huevos, frituras, pero queremos hacer un menú para la gente que trabaja por aquí. Poco a poco, que llevamos menos de un mes”, nos cuentan. Fran e Itziar están recién instalados en un piso municipal de más de 100 metros cuadrados. “Nos combinamos bien entre la cocina, la barra y la tienda y tenemos ganas de que prospere. De momento, hemos empezado tan bien que el segundo día que estuvimos aquí nos quedamos sin existencias”, recuerdan.

Este matrimonio llega de Calafell a Chía dando un paso firme en su proyecto vital. “Hemos pasado ya el medio siglo y queríamos cambiar. Este proyecto forma parte de un plan de futuro muy meditado. Parece hecho a medida para nosotros. Está en la zona que queríamos, es de nuestro sector y las facilidades por parte del Ayuntamiento están muy bien, si bien han sido muy cuidadosos con que todo estuviera en regla, como a nosotros nos gusta. Fue un concurso que ganamos con mucha ilusión. Estábamos hartos ya de playa y esto es una maravilla”.

Chía aporta a Fran e Itziar “la estabilidad y la tranquilidad que buscábamos”. “No tenemos hijos. Estamos él y yo para mantenernos, para el día a día no necesitamos más. Ojalá podamos jubilarnos aquí y dedicarnos a hacer compotas”, bromea Itziar, exultante de felicidad.

La acogida de los vecinos ha sido espléndida. “Nos sorprenden con calabazas, cebollas, judietas, lechugas, etcétera. Es increíble. Este trato tan cercano no lo habíamos tenido nunca y nos gusta mucho. Estamos muy contentos y muy agradecidos”, concluyen mientras continúan con los preparativos para la Fiesta de la Oveja que Chía celebra este fin de semana. “Es como una gran familia”.

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