Cultura

HOMENAJE

Elogios al "amigo" Joaquín Carbonell en un concierto en Zaragoza

En la gala se presentó un libro que recoge testimonios de algunos de los que le acompañaron en su vida 

Fotografía de familia de los participantes en el concierto.
Fotografía de familia de los participantes en el concierto.
Efe

Carbonell, amigo es el título del libro que, editado por el Gobierno de Aragón, se regalaba a los asistentes al homenaje que el martes se rindió finalmente, tras varias cancelaciones ocasionadas por la pandemia, al gran Joaquín Carbonell en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza. Un libro que reúne los testimonios de algunos de los muchos e ilustres amigos que le acompañaron en su fecunda trayectoria. El título del libro no puede ser más certero, porque a Joaquín era imposible no quererle, no seguirle en su inagotable entusiasmo por la vida. Una vida que segó cruelmente el despiadado coronavirus el 12 de septiembre del año pasado, privándonos para siempre de su entrañable compañía. Afortunadamente, el cantautor de Alloza sigue vivo en sus canciones, que fueron reinterpretadas este martes por algunos de entre su millón de amigos. Y es que la expresión “amigo de sus amigos”, que habitualmente suena a tópico sobado, en el caso de Joaquín cobra todo su significado. Como el antihéroe que era, y tal como señaló en el concierto Eduardo Paz, muy probablemente ante un homenaje como el que se le rindió, Carbonell habría salido corriendo. Pero sus amigos y admiradores salimos encantados tras asistir a una velada desbordante de emoción y gratitud.

Joan Manuel Serrat, a ritmo de vals, ofreció su versión de El olivo.
Joan Manuel Serrat, a ritmo de vals, ofreció su versión de El olivo.
Efe

Con la coordinación de Gabriel Sopeña y la dirección musical de Richi Martínez al frente de una numerosa y competente banda de músicos ligados de una forma u otra al homenajeado, la velada se desarrolló de forma fluida, muy bien diseñada y conducida por los actores José Luis Esteban y Yolanda Blanco, que ejercieron de perfectos maestros de ceremonias y que, con humor, avisaron al público de posibles “stendhalazos”, en referencia al síndrome de Stendhal que se sufre cuando una persona es sometida a una sobredosis de arte y belleza. Mientras el personal iba tomando asiento, la espera fue animada por los alegres sones de La Banda del Canal. Y el primer invitado en subir al escenario fue Eduardo Paz, de La Bullonera, que recientemente ha perdido también a su compañero Javier Maestre, y que junto a Labordeta y a Carbonell formó en su día un trío, al que Joaquín se refería de forma irónica como “los tres terrores”. Eduardo Paz interpretó solo con la guitarra una honda versión de Me quedaré viviendo y dedicó a su memoria unas emocionadas y divertidas palabras. Le sucedieron Mariano Casanova (de Distrito 14) y el cantautor Diego Escusol, que ofrecieron su visión más próxima al rock del emocionante ¿Quién te cerrará los ojos? Desde Huesca llegó después Olga Orús con dos de sus Ministriles, Salvador Cored y Josu Ubierna, que, con gran sensibilidad, interpretaron ese gran bolerazo que es Si me buscas, que Joaquín compuso para ellos. Una de las intervenciones más intensas fue la de Ángel Petisme, con el combativo y libertario Con el sudor de tu frente, a medio camino entre el western árido y el blues de secano.

Sin duda, uno de los momentos álgidos de la noche lo protagonizó María José Hernández, que con su cálida voz ofreció una soberbia y emocionante interpretación de Me gustaría darte el mar, una de las canciones más hermosas escritas en España en el último medio siglo, que a más de uno y de una hizo que se le saltaran las lágrimas. Para compensar, las risas llegaron en el siguiente bloque, que abrieron Gran Bob y David Giménez, los compañeros de Carbonell en el alegre proyecto Los 3 Norteamericanos, que versionaron una de las canciones preferidas de su repertorio verbenero, el popular Un millón de amigos de Roberto Carlos. Tomó el relevo David Angulo, que interpretó A tu madre no le gusta llevándolo al terreno del rock & roll a lo Tequila. Y este bloque quedó rubricado con la desternillante revisión de El gorila de Georges Brassens que realizaron al alimón el cómico Diego Peña y Juako Malavirgen. Y es que, junto con Javier Krahe, el de Alloza era sin duda el más brassensiano de los cantautores españoles.

Precisamente, junto al siguiente invitado, el guitarrista Philippe Charlot (líder del Tonton Georges Trio), Joaquín creó un proyecto de tributo a Brassens. Con el director musical de la velada, Richi Martínez, Philippe Charlot interpretó Mi patria, emulando al gran Django Reinhardt en clave de jazz manouche. Después, la turolense Isabel Marco hizo una revisión rockera de Dimitris, una canción que refleja el efecto de la crisis económica a partir de un trágico caso real. Un momento muy especial lo protagonizó José Luis Esteban al dialogar, como si fuera a través de un médium, con la voz del propio Carbonell. Más tarde, Ismael Serrano cantó ¿Dónde estabas tú? en clave country, y la barbastrense Silvia Solans, junto al guitarrista Iñaki Fernández, le dio un tono rockero a De Teruel no es cualquiera. Les tomaron el relevo Carmen París y el guitarrista ainsetano Joaquín Pardinilla, que al tema Llámame le dieron un tratamiento latino, entre el bolero y el cha-cha-chá, con Pardi ejerciendo de Carlos Santana en su solo de guitarra. A Joaquín, de raíces orquesteras, le habría encantado.

Loquillo aportó una poderosa versión rockabilly de La mala reputación.
Loquillo aportó una poderosa versión rockabilly de La mala reputación.
Oliver Duch

Y llegaba la gran traca final. Javier Ruibal, solo con su guitarra, puso el acento sureño con su versión de Para llevarte a vivir y con un tema compuesto por él para la ocasión en homenaje a Joaquín, en el que mezcló con gracia y soltura la magia de la décima, la chirigota gaditana y la jota aragonesa. Sin duda, otro de los grandes momentos. Pero el clímax llegó con la salida al escenario de Joan Manuel Serrat, quien, a ritmo de vals, comenzó con una preciosa versión de El olivo, otra de las más brillantes perlas del repertorio de Carbonell, para después desatar un vendaval de emociones al cantar, acompañado únicamente por el piano de Richi Martínez y el saxo de Josemi Sagaste, su propio tema Aquellas pequeñas cosas en una interpretación conmovedora hasta las lágrimas. Remató este bloque estelar Loquillo, que, vestido de riguroso negro y como si se tratara de un trasunto de su admiradísimo Yves Montand, ofreció una poderosa versión rockabilly de La mala reputación, otra canción del repertorio de Georges Brassens.

Finalmente, Gabriel Sopeña lideró el último tema de la noche, otra versión de las que hacía Joaquín Carbonell, en este caso de una tradicional work song americana, Pay me my money down, popularizada por Pete Seeger o Bruce Springsteen, entre otros, y que Joaquín convirtió en su día en Suelta la pasta ya. Y así, en clave de country-rock, mientras Carbonell aparecía en la pantalla con una camiseta con la imagen de Marx en la que se leía “no estaba muerto, estaba de parranda” (como cantaba Peret), se despedía una velada de homenaje a una de las grandes figuras incontestables de la música aragonesa del último medio siglo. Una velada levantada, como dirían los Beatles, con la ayuda de la amistad. Amigo Joaquín, a ti te habría gustado darnos el mar, y a nosotros que la maldita covid no se te hubiera llevado. 

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