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CICLOTURISMO

Reto conseguido del incansable Samuel Porcel

Bajó de 40 horas en su ruta solidaria por el Banco de Alimentos

Llegada a Larués, justo al final del camino, con la satisfacción de cumplir.
Llegada a Larués, justo al final del camino, con la satisfacción de cumplir.
S.E.

Lo consiguió, y sin agobios. El ciclista altoaragonés Samuel Porcel completó el pasado fin de semana el reto que se había marcado, y que desde luego está al alcance de muy pocos. Recorrer casi 800 kilómetros, en concreto 762, con un desnivel positivo de casi 13.500 metros, por el Pirineo de Jacetania y Alto Gállego y en menos de 45 horas. Al final, con paradas, bajó de las cuarenta horas, 39 y 16 minutos.

“Cuando empecé a planear el reto te haces una planificación en la que crees que puedes estar, por eso fueron las 45 horas, pero si toda iba bien podían ser entre 38 y 40. Siempre pueden ocurrir cosas y hay que tener algo de previsión”, explica Samuel.

En todo caso, no fue coser y cantar el meterse entre pecho y espalda tal distancia dando pedales, en solitario, y con cuestas y más cuestas. “Salí el sábado al amanecer y empezó a hacerse más duro cuando se iba haciendo de noche, a mitad de la noche, subiendo Cotefablo, y en Santa Cruz de la Serós, donde me pilló el agua. También me llovió en Biescas, pero por suerte en los dos sitios pude refugiarme”.

Los datos de su ruta no pueden ser más elocuentes para calibrar el “paseo” de fin de semana.
Los datos de su ruta no pueden ser más elocuentes para calibrar el “paseo” de fin de semana.
S.E.

Dos chaparrones que al final no afectaron demasiado, aunque sí hubo otro elemento meteorológico que se lo puso más complicado. “Aunque me llovió solo esas dos veces, toda la noche había tormenta, iba viendo y escuchando rayos y truenos y eso te crea tensión porque en cualquier momento te puede caer encima. Por suerte no me cayó mucha agua, pero los nervios de que en cualquier momento la tormenta te puede pillar también pasan factura. Y además de noche. Eso mentalmente desgasta mucho”.

Adelantar faena en previsión de lluvias

De hecho, la previsión meteorológica hizo que cambiara un tanto sus planes. “Para la noche del sábado y todo el domingo daban agua, así que decidí que había que aprovechar el sábado para recorrer todo lo posible con buen tiempo. En 16 horas solo paré veinte minutos a comer y beber algo, y de hecho tenía previsto quedar con mis padres para cenar algo y al final no lo hice. En Escarrilla cogí algo de pan y embutido y traté de adelantar todo lo posible”. El ser previsor le fue bien, aunque el domingo, por fortuna, el tiempo respetó.

Siendo de Larués, conoce las carreteras por las que discurrió bastante bien, aunque siempre hay sorpresas. “La subida a Acumuer solo la había hecho una vez, y me encontré con un asfalto en bastante mal estado, sobre todo la bajada, con muchos baches y gravilla, fue dura”.

Y si el sábado trató de adelantar la tarea lo más posible, el domingo, en cierto modo, lo pagó. “Paré lo imprescindible pero el domingo por la noche ya empecé a notar sueño, que había comido poco y que los kilómetros se acumulaban. El domingo ya estaba tocado, pero me ayudó que el día salió espectacular, que ya estaba cerca de casa, que el paisaje estaba muy bonito. Además no tuve ni un triste pinchazo, lo cual se agradece mucho”.

Casi cuatro mil euros con un buen fin

Y como decimos el fin de esta kilometrada era recaudar fondos para el Banco de Alimentos de Zaragoza, algo a lo que ya se habían sumado varias empresas y se esperaba el apoyo de particulares. “Con las empresas empezábamos ya con unos dos mil euros, y al final han sido 3.847,50 euros, que da para comprar entre 1.900 y 2.000 kilos de comida. La gente a título individual se ha portado para aportar casi dos mil euros. Hay mucha generosidad y a la verdad es que me alegra mucho. Lo hemos preparado en poco tiempo. La próxima le daremos más difusión”.

Y otro de los protagonistas de esta ruta ha sido el territorio. De hecho, su ruta parte de la inicativa turística Infinity Pirineos. “Somos unos privilegiados, porque en el Pirineo tenemos dureza y belleza, y carreteras muy tranquilas, lo que es ideal para el ciclismo. En Alpes, por ejemplo, puedes tener puertos más míticos, más glamour, pero mucho tráfico. Aquí se respira paz, y además tienes muchos pueblos para parar. Y hay subidas, como la del Refugio de Lizara, que son de lo más bonito que se puede encontrar”.

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