Huesca

OJO AVIZOR

Carlos López Otín: "La felicidad es la emoción que caduca más rápidamente"

Premio Cadis Huesca 2021, fue entrevistado por reporteros de la coordinador en el Palacio de Congresos

Carlos López Otín con Concha Lisa, Nacho Olivar y David Pérez en el Palacio de Congresos de Huesca.
Carlos López Otín con Concha Lisa, Nacho Olivar y David Pérez en el Palacio de Congresos de Huesca.
S.E.

Entrevista realizada durante los actos conmemorativos del 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, en los que se entregó el Premio Cadis Huesca a Carlos López Otín. Parte del equipo de Reporteros Cadis entrevistó al catedrático en directo, ante el público del auditorio del Palacio de Congresos de Huesca.

¿Cómo recuerda su infancia en Sabiñánigo? ¿Sigue muy vinculado a su tierra?

Muchas gracias por esta pregunta, David. ¿Cómo recuerdo la infancia? La infancia es esa patria que nunca se abandona, es nuestro estado natural. Y por muchas veces que… por muy lejos que estés durante mucho tiempo cuando vuelves lo reconoces como tu punto de referencia. El máximo punto de referencia. Y lo recuerdo, como diría Antonio Machado, “con aquellos días azules y aquel sol de la infancia”. En aquel tiempo, todos los días eran azules y siempre hacia sol.

“La infancia es una patria que nunca se abandona”

En su gran carrera como científico, ha investigado sobre enfermedades hereditarias, además de investigar sobre el cáncer, la artritis, etc. ¿Cree usted que en un futuro se podrá renovar células en mal estado, por otras sanas, y evitar así enfermedades?

Sí, ya se puede hacer. Poco, pero se puede hacer. Lo que pasa es que, como siempre, se exagera mucho cuando se empieza hacer y luego ya, nunca se cumplen las expectativas... Y entonces parece que la ciencia es un continuo fracaso y lo que es, es una continúa marea creciente, que va despacio. Paciencia, perseverancia…

¿Cómo se llama lo que sí se puede hacer? Se llama generación de células IPS, células stem, progenitoras, renovadoras, pluripotentes, inducidas.

“No concibo un trabajo de mi laboratorio que no tenga implicación”

Yo puedo coger mis células, un pellizco de células -hay un millón de células aquí, en un pellizco- les añado un coctel de cuatro proteínas, como quien se toma un batido y estas cuatro proteínas se llaman “Factores de Yamanaka”, un investigador japonés que, por hacer esto, recibió el Premio Nobel. Yo tuve la suerte de conocerlo y tener algo de relación con él, y me dijo “Carlos, me van a dar el Premio Nobel -porque todos sabíamos que se lo iban a dar- pero no he curado a nadie todavía”. “Pero has cambiado un paradigma”, le dije. Y ¿cuál es el paradigma? que unas células adultas de la piel de la mano las puedes convertir con estas cuatro proteínas, volverlas atrás en el tiempo, rebobinarlas y ser embrionarias de nuevo y con eso, construir y renovar los tejidos.

Esto se puede hacer. Y ¿por qué no estamos todos renovándonos los tejidos? pues porque tienen muchas complejidades. Una cosa es el concepto y otra cosa es la traslación a un organismo con cincuenta billones de células. Shinya Yamanaka sí que ha curado a alguien: a unas pocas personas con problemas oculares. Porque es fácil depositar las células nuevas para que renueven al resto en los ojos. Eso es fácil, pero por ejemplo recuperar un tejido nervioso, o por ejemplo células de alzhéimer o de parkinson, todavía no se ha conseguido y, yo que suelo ser optimista, creo que faltan… años. Pero esto es una carrera de relevos. En nuestra vida no vemos los resultados de todo, pero el primer genoma humano tardamos 15 años y costó 3.000 millones de dólares y hoy tardamos una noche y mil dólares. Eso es el progreso del conocimiento.

En una maravillosa ocasión pasó usted de la soledad a la felicidad… Cuéntenos cuál es su bien más preciado y qué supuso, qué supone para usted, poseerlo.

Qué pregunta tan bonita, Concha. Lo que pregunta Concha es que he dado muchas conferencias. Antes del covid, quinientas conferencias en 10 años. Y en una, tuve la suerte de que estaba Gabriel García Márquez, autor de mi libro favorito que es “Cien años de soledad”. Cuando volví a Oviedo me encontré un sobre en el correo, en el que estaba el libro y me pregunté: ¿Quién me habrá mandado esto, si todo el mundo sabe que me lo sé de memoria? Me lo había mandado él, con una dedicatoria y, como bien dices Concha, había tachado la palabra “soledad” y la había sustituido por “felicidad” con rotulador, como si hiciera una edición génica de estas que hace Sami (Sammy Basso, biólogo) con su genoma: cambias unas letras y te transforma la soledad, una emoción oscura, difícil, de ausencia… en felicidad y, como esto lo hizo hace 15 años, me quedan 85… Así que preparaos ¡aún me quedan 85 de felicidad regalada por Gabriel García Márquez!

“El cielo de Sabiñánigo era muy estrellado e inspirador”

Hablando de felicidad, ¿qué es la felicidad y cómo se consigue?

Uh, no estoy nada capacitado para hablar de esto. Pero bueno, desde mi punto de vista… ¡que hasta escribí una ecuación de la felicidad! esto es curioso. En el genoma de cada uno, que son distintos, no hay dos seres iguales -ni los gemelos- tenemos una serie de variantes, polimorfismos, que nos predisponen a un estado de mayor o menor bienestar emocional. Y yo tenía la suerte de tener la mayoría de estas variantes en el estado de friki, de ser feliz con cada cosa. Tanto, que mis niveles de dopamina o de serotonina, que es el neurotransmisor de la felicidad, son un poco más altos de lo normal, de base. Esto me hace, me hacía, ir por el mundo con cierta capacidad de sentir empatía por todo, y no enfadarme por nada.

Pero, lo que he tratado de explicar: una cosa es lo que depende de uno y otra cosa es lo que depende del mundo, y si el azar, o el virus sapiens –que es el peor, mucho peor que el covid-19, es terrorífico, porque no te lo esperas, acude sin avisar. Para el covid al menos ya hay vacuna…- te llega en forma de distorsión, y lo que creías que era solido es líquido o gaseoso. Y entonces, ¿qué es la felicidad? Pues yo diría que es la emoción que caduca más rápidamente. Cuando nos llegue, bien agarrada, y cuando se vaya, lo reconocemos enseguida por el ruido que nos deja cuando se va.

¿Algún día seremos tan longevos que desearíamos morir?

Pues esto que has dicho, lo dijo Francis Crick, que fue Premio Nobel, y que descubrió la estructura de la doble hélice del DNA. Es de un nivel de inteligencia como Newton o Einstein… Era físico de minas antisubmarino. Llegó muy tarde a la universidad, porque como era tan listo, en la Guerra Fría lo pusieron a trabajar para el gobierno. Francis Crick apoyó a su gobierno y contribuyó. Pero cuando se alejó de todo esto, quiso contribuir al bien de la humanidad, como Einstein.

De pequeño lloraba muchísimo, y le decía su madre: ¿Y por qué lloras? Porque cuando sea mayor, ya estará descubierto todo, decía. Y no era verdad. Él descubrió muchas, muchísimas cosas. Y él fue el que dijo: “El hombre del siglo XXI escogerá la forma en la que desea morir”. Así que nos quedan 79 años para ver si tenía razón, y para responder a tu pregunta. Mi respuesta personal es que ojalá no sea así. Ojalá vivamos nuestro debido tiempo (…)

¿La ciencia puede aportar progreso si no se acompaña de valores humanos y ética?

¡Deberíais dar clase en la universidad, y en el Congreso de Diputados, y en el Parlamento regional! El alcalde, Luis Felipe, me decía antes que los políticos deberían hacer un máster antes en su pueblo, en su ciudad, o en su ayuntamiento, o en una asociación de vecinos, me da igual… Deberían estar unos cuantos meses con vosotros y vosotras, para aprender lo que verdaderamente importa.

Uno de los libros, que he trabajado emocionalmente en él e intelectualmente un poco, se titula “Ética para robots”. No concibo ni un trabajo de mi laboratorio que no tenga una implicación social.

¿La covid-19 es un aviso a la humanidad?

Debemos tener una discapacidad auditiva enorme ¡porque no nos damos por enterados! Fue una lección, porque en mi primer libro, ‘La vida en cuatro letras’, hace más de tres años ya se anunciaban estas cosas, era tan obvio… Con los usos sociales de ahora, los virus emergentes llevan circulando entre nosotros mucho tiempo, pero ahora ya no se pueden parar y no hay que invocar invenciones en los laboratorios ni guerras de unos piases a otros, hace falta ser muy imprudente haciendo eso porque un virus lo sueltas y no lo controlas. No me parecería nada inteligente hacer eso a propósito ¿no?

Pero los virus forman parte del acervo biológico y van a estar siempre cerca de nosotros: vienen, nos dan una lección de “hay que cambiar los usos sociales”. Al principio no hacemos caso, que siga todo. Construimos las autopistas de diseminación por todo el mundo, en poco tiempo la ciencia responde: dame una vacuna, que luego ya me explicarás lo que es… En un año ha habido vacunas, esto ha sido excepcional… y sin embargo seguimos con ello.

Mi hija Laura dos veces se ha infectado de covid brutalmente. ¿Por qué? Porque trabajaba en urgencias y tenía que ser de los primeros que tenía que ir al frente. Que en estos momentos tengamos que utilizar este lenguaje de ir al campo de batalla es inaceptable. Es una lección de humildad, ¿no te parece, Concha? Y también nos recuerda la arrogancia y la vanidad del ser humano.

Doctor, hemos averiguado que de niño soñaba con ser astronauta. ¿Sigue soñando con ello? ¿Cuándo decidió que era mejor explorar el interior del cuerpo humano que viajar al espacio exterior?

Siempre me gustó… De niño, en Sabiñánigo el cielo era muy estrellado. Era inspirador. Pero tuve la primera clase con Margarita Salas y entonces me parecía que ser astronauta era demasiado pretencioso, quedaba demasiado lejos y que tal vez aquello se me daba mejor… y que no se alarme nadie, pero ¡me presenté voluntario a los viajes a Marte sin retorno! No me contestaron supongo que no me consideraron capaz, pero estoy apuntado ¿eh?

Con mi primo Petón (José Antonio Martín Otín, consejero de la SD Huesca) seguimos el amartizaje de la nave Perseverance en el cráter Jezero (…) en Marte. Me asombra que seamos capaces de hacer eso y no podamos curar un tumor.

Siempre argumenta usted que las imperfecciones del ser humano son necesarias para su felicidad. Muchas personas le vemos como “casi perfecto”. Así que debemos preguntarle: ¿es feliz?

Uf ¡qué preguntaza….! Primero tienes que volver a graduarte las gafas porque esto de verme casi perfecto requiere una graduación urgentísima!

David (Reportero Cadis): “Estuve hace poco y me sacaron vista cansada, por cierto” (risas)

¡Es que me dejáis sin argumentos, es que no sé qué decirte ¡brillante! ¿Sabes qué pasa? que mi felicidad está un poco cansada, eso es lo que diría… como tu vista. A lo mejor voy donde has ido tú y me renuevan un poco y vuelvo a recuperarla.

A mí me gusta mucho el mundo japonés y toda la cultura japonesa -excepto alguna cosa que es el trato a las mujeres que sigue siendo increíblemente machista-. Pues perdí el Ikigai, que es el propósito, pero a cambio me regalé el Shooganai que es “esto es la vida, tómala como es, que es lo mejor que tenemos. Adelante con ella,” que es lo que seguramente hacéis vosotros, ¿no? Practicáis, aunque no lo sepáis, el Shooganai. Es difícil, pero lo hacéis genial.

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