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COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

Mbalou Dansira: “Nos gusta el amor de la gente y las oportunidades que tienen mis hijos”

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Tidiane Dembele y Mbalou Dansira, en Zaidín.
Tidiane Dembele y Mbalou Dansira, en Zaidín.
Mbalou Dansira

Cuando Mbalou Dansira llegó a Zaidín estaba embarazada de ocho meses. Su marido Tidiane es uno de los tantos africanos que había cruzado el Estrecho en patera años antes, en 2002, con las ilusiones de equipaje y la vida como único bien a preservar. Ni siquiera sabían leer, nunca tuvieron oportunidad. “Con 7 años, quise ir a aprender a escribir y mi padre me cortó el camino. Me dijo que las mujeres no iban a la escuela. Aún sigo con el sueño de estudiar algún día”, dice a sus 34 años. Hoy, ocho años después, sus sueños son más posibles que nunca en Zaidín, donde han nacido sus dos hijos. Han encontrado a María, una segunda madre y abuela, y se toparon con Alfredo, que dio a esta mujer de Mali una oportunidad de aprender que jamás olvidará.

Lo que más me gusta es cómo nos trata la gente. Estamos encantados porque todo el mundo nos conoce y cuando necesito ayuda ya está hecho”, comenta. Llegaron a Zaidín por un contrato para Tidiane Dembele de tractorista en una finca. Ya habían estado en otros lugares y además, aunque ambos son de Mali, se conocieron en España.

Pero los inicios en Zaidín no fueron fáciles. Ni ella ni su marido tenían carné de conducir. Embarazada de ocho meses y con muchas dificultades para leer, Mbalou logró sacarse por libre el examen teórico. Llegó a una autoescuela para practicarse y vio que no podía pagar las clases. Pero Alfredo, de Autoescuela Cinca 87 de Fraga, vio en esta mujer una fuerza inusitada y le dio una oportunidad.

Mbalou le preguntó entonces -y aún hoy se lo pregunta- por qué le pagaba todas las tasas de los exámenes sin saber si un día iba a cobrar. Y Alfredo le contestó que una mujer con la tripa que tenía, el empeño de sacarse el carné merecía una oportunidad aunque no tuviera dinero, recuerda.

“Aun sigo con el sueño de estudiar algún día”, insiste Mbalou, que va a apuntarse a la escuela de adultos para sacarse la ESO, y le gustaría ser enfermera. Cada día al salir del almacén de fruta donde trabaja, hace ejercicios, ahora de mayúsculas y minúsculas, junto a su hijo de 7 años, de quien explica que ya parece entender su suerte de poder tener esta educación frente a la de sus padres. “Mis hijos aquí tienen muchas oportunidades”, resalta.

Sus hijos de 7 y 5 años, y otra niña son los únicos de origen africano que acuden al colegio de Zaidín, ya que la mayoría de los temporeros de este continente llegan sin familia y, por lo tanto, no se asientan. Con todo, están muy integrados, “van a casa de otros niños y ellos también vienen a la nuestra”, resalta.

Aunque muchos temporeros viven en las fincas, el mismo propietario que contrató a Tidiane les buscó casa en el pueblo. “Nos ha costado un poco encontrar vivienda. No fue fácil al inicio porque tuvimos que cambiar de casa, pero después, como soy muy de relacionarme y vi que estaban haciendo una casa de tres pisos, le pedí al propietario que me alquilara uno y lo estrenamos”, indica, mientras apunta que le gustaría poder comprarse una casa para jubilarse en Zaidín. No descarta irse a otro lugar si es por las oportunidades de futuro de sus hijos, pero no será fácil tomar la decisión cuando tiene a vecinos como María que se ocupó de su hijo mientras tenía ingresado al otro o que hasta les prepara la comida. “Lo que más nos gusta es el amor de la gente de aquí”, recalca. 

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