Ribagorza

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Aguinaliu se revitaliza con la ilusión de los vecinos de siempre y de los nuevos

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Vista del núcleo grausino de Aguinaliu, donde los nuevos vecinos y los de siempre se han unido para revitalizar el pueblo y mejorar su calidad de vida con iniciativas de todo tipo.
Vista del núcleo grausino de Aguinaliu, donde los nuevos vecinos y los de siempre se han unido para revitalizar el pueblo y mejorar su calidad de vida con iniciativas de todo tipo.
Elena Fortuño

La Asociación Aguinaliu Activa pretende dinamizar de forma integral este núcleo grausino, abarcando desde la cultura y el patrimonio, al urbanismo y los servicios y pasando por la oferta lúdica y deportiva para, como objetivo trasversal, mejorar la calidad de vida de los alrededor de 24 vecinos. El colectivo, que destila ilusión y conciencia rural, está impulsado por los nuevos pobladores instalados en la última década y, en especial, en los últimos 4 o 5 años, a quienes se suman la mayoría de los “hijos” de Aguinaliu, contagiados por el entusiasmo de los recién llegados. Todo el mundo aporta en esta iniciativa, como reconoce José Mari Ferrando quien, nacido en Aguinaliu hace 64 años, sufrió el cierre de la escuela que coincidió con el fin, en la década de los sesenta, recuerda, de un floreciente capítulo de la historia de Aguinaliu donde llegó a haber dos fábricas de yeso, un salinar y un pujante sector primario, que hoy en día se mantiene a duras penas.

“Con la celebración de San Martín el 13 de noviembre, que era el patrón de Aguinaliu, habrá un antes y después. La fiesta se perdió al irse tanta gente y hemos puesto mucha ilusión en honrar al patrón”, explica Ana Burrel que, junto con su hermano y sus padres, Palmira Borruel y Antonio Burrel, de 98 años, esperan con ganas esta cita que les permita reunirse con sus vecinos en este día festivo.

La última reunión vecinal fue el 9 de octubre, con motivo de la primera Asamblea General de la Asociación Aguinaliu Activa, para aprobar la junta directiva, y las vocalías que se van a llevar a cabo, como Urbanismo, Urbanidad y Señalización, Patrimonio material e inmaterial, Cultura, Festejos y Comunicación.

Iglesia de la localidad, donde volverán a funcionar las campanas.
Iglesia de la localidad, donde volverán a funcionar las campanas.
Elena Fortuño

Entre las actuaciones acordadas, figura el vallado de los contenedores, ajardinar varias zonas del pueblo, crear áreas recreativas, realizar actividades deportivas, la señalización de algunas rutas, la recuperación del patrimonio del pueblo o continuar con el acondicionamiento y recuperación del “Torno de las Olivas”, el horno de pan, el archivo de documentación gráfica y la recuperación del funcionamiento de las campanas de Aguinaliu. La sesión incluyó la recuperación de esta tradicional Fiesta de San Martín y, en el ámbito deportivo, se anunció la creación de un club de senderismo y la organización de una carrera de Mountain Bike.

“Cuando hicimos la asociación de Aguinaliu Activa era para completar la que hay de vecinos que se encarga de caminos, del coto de caza, del aprovechamiento forestal. Creamos este colectivo al hilo de la llegada de unas 12, 15 personas, lo que supuso que Aguinaliu casi dobló su población”, comenta Marcos Pena que, aunque de raíces ribagorzanas ha recalado aquí procedente de Brasil con su pareja, Izabella Brochado.

La Asociación se ha formalizado a principios de este año 2021 y cuenta ya con 50 socios, todos vecinos fijos, con segunda residencia, o familiares de los propios vecinos. “La intención es que sea una herramienta que pudiese ayudar incluso a la pedanía. Hay poco dinero para los núcleos, son 16 núcleos en el municipio de Graus. Ya ayudan mucho, pero para reforzar, estamos haciendo trabajos de rehabilitación de puntos históricos o antiguos, mejorando calles, ajardinamientos. El Ayuntamiento de Graus nos ayuda con los materiales y nosotros ponemos el trabajo”, detalla Pena, ilusionado con mejorar la vida de los vecinos de Aguinaliu, repartidos en la parte alta, unos 14, y la baja, no más de 7, a quienes separa un camino de 1 kilómetros y un desnivel de 100 metros. “Queremos recuperar una calle peatonal que conecta los dos barrios por el centro”, apunta Marcos Pena, mientras bullen los proyectos de la Asociación, algunos materiales y otros intangibles como el del patrimonio cultural que Izabella recopila realizando entrevistas a los mayores del pueblo, entre quienes figuran Antonio y Palmira. “Son entrevistas, testimonios directos de cómo se vivía grabadas en sus casas o, por ejemplo, en el torno, a un señor que trabajaba allí”, detallan.

A sus 98 años “y medio”, puntualiza, con una vitalidad y lucidez envidiable, Antonio Burrel, nacido en Aguinaliu y emigrado en los 60, es uno de estos entrevistados por Izabella para escribir con nombre propio la historia. “Nuestras tierras las hemos dado en arriendo”, explica, mientras su hija Ana detalla que “los que quedaron sí han vivido de la tierra, cogieron todas las tierras de los que se habían ido en arriendo y viven de ello. Tienen otras cosas, como animales, taxi. Viven de otra manera”, apunta. Antonio se muestra encantado con la llegada de los nuevos pobladores. “Han animado mucho el pueblo. Han comprado casas que estaban deterioradas y tienen ganas de hacer cosas”, dice, mientras su hija apostilla que “ha sido un chute de energía para el pueblo”. Palmira casi roza la euforia. “Estoy muy animada porque el pueblo con los que han llegado está mucho mejor, tienen tanta ilusión de recuperar lo que habíamos abandonado. El horno de pan, que hacíamos allí el pan para 8 días, me hace una ilusión que no te lo creas”, confiesa. Ana apuesta por sumar en torno a Aguinaliu Activa. “Entre todos vamos a conseguir que el pueblo mejore. Es la fuerza y la energía de lo nuevo que muchas veces asusta”, asegura con la vista puesta en la festividad de San Martín.

José María Ferrando nació en Aguinaliu, aunque ha tenido “un paréntesis” de 38 fuera del pueblo, “viniendo cada fin de semana”. “La nueva hornada -prosigue- es gente que viene con mucha ilusión. La nueva asociación, perfecto, para que la realidad sea otra. Enhorabuena haberlo hecho. Dónde van a encontrar un sitio tan tranquilo con tan pocos gastos. Para tranquilos y baratos, no tenemos rival. Pero los que tienen valor son los que se han quedado y han aguantado el pueblo durante años y años”, considera valorando la labor de todos para hacer que Aguinaliu aguantara hasta hoy y, en el caso de la asociación, que tenga futuro.

Profundo conocedor del desarrollo de Aguinaliu, Ferrando recuerda los años de esplendor cuando había dos fábricas de yeso que funcionaban 24 horas diarias y un salinar, “donde se crío una familia con 22 hijos”. Relata el traslado del salinar que supuso entubar el agua 4 kilómetros y la riqueza de la leña que atrajo a decenas de carboneros hasta Aguinaliu. Ferrando, uno de los últimos 14 alumnos de la escuela de Aguinaliu, vivió los coletazos de esa época, “Tengo una lejana idea de ver recoger sal en el salinar primitivo y de ver fuego en los hornos del yeso, al menos en uno”, recuerda con nostalgia, pero expectante ante la nueva realidad

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