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Germán Sin: “Ha habido una vuelta de gente que quiere quedarse a vivir”

#CONTRALADESPOBLACIÓN

German Sin, en el hall del Hotel Cotiella con el pico tallado al fondo.
German Sin, en el hall del Hotel Cotiella con el pico tallado al fondo.
S.E.

Hubo unos años en los que los estudios o probar suerte en trabajos alejaron a los jóvenes de Campo. Pero son muchos los que han apostado por volver, continuar con negocios familiares o buscarse la vida, da igual. Hablamos de aquellos que, como Germán Sin, rondan los 35 años y han decidido que su pueblo era ese lugar ideal para asentarse tras formarse fuera. Germán es la tercera generación del restaurante, ahora en plena expansión, que junto al Hotel Cotiella que inauguró su padre, genera 10 empleos fijos y muchos más en función de la temporada.

A Germán la hostelería le gustó desde niño así que directamente estudió un ciclo formativo de Restauración en Zaragoza. En verano volvía a trabajar a casa y, en épocas de mejor actividad, trabajó y aprendió en restaurantes en Zaragoza, Tafalla o San Sebastián, hasta que regresó para quedarse, aunque realmente nunca se alejó.

“Ha habido una vuelta, porque hubo una temporada que la gente probó fuera más, pero en los últimos años ha habido bastante gente que ha vuelto a quedarse. Tengo amigos que han regresado a retomar negocios familiares y otros que han venido a trabajar por aquí. Hay juventud y gente que ha venido a quedarse, que ha encontrado su sitio aquí”, indica.

Sus abuelos Mariano Sin y Pura Mascaray, naturales de los núcleos de La Fueva, El Humo de Muro y Formigales, llegaron en 1955 para coger el traspaso del bar. Allí, sus abuelos también contaban con máquinas para fabricar las gaseosas y sifones Konga, la mítica fábrica creada en Zaragoza por Tomás Mascaray Pueyo, natural de Campo, del que eran familia.

Además tenían cerdos, compraventa de setas… “Mi abuelo trabajó mucho”, comenta con orgullo. Después, compraron una finca en la carretera y allí, en 1973, inauguraron el restaurante Cotiella, que hoy, casi 50 años después, se encuentra en plena remodelación. En el año 2000, su padre, Luis Sin, y todavía con su abuelo, inauguró el hotel con 26 habitaciones.

En 10 o 15 días, volverán a prestar servicio en el restaurante, cuando terminen el tejado y, tras el verano, cerrarán para continuar con la reforma del interior. “Estaba previsto cuando llegó la pandemia, iban a empezar las obras en marzo y decidimos esperar a ver qué pasaba, pero tras esos primeros meses de cierre y de incertidumbre… el verano fue muy bien y decidimos seguir adelante”, comenta. Ellos siguen y cada vez más gente busca su sitio en Campo. 

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