Huesca

día de las fuerzas armadas

Armando González: “Mis hijos no querían venir de Melilla y ahora están encantados”

Un ascenso le hace dar un salto a la península y se asienta en Huesca con su familia

Armando González se trasladó con su familia y han decidido quedarse.
Armando González se trasladó con su familia y han decidido quedarse.
Pablo Segura

Armando González nació en Melilla y es también en la ciudad autónoma donde ha desarrollado toda su vida laboral y donde formó una familia con su mujer y dos hijos. Sin embargo, el ascenso a brigada del Ejército le hizo tomar una decisión: “o quedarme o salir”. Entonces, por los inconvenientes de vivir en una ciudad apartada en la que dependes del barco, “mi mujer pensó en venir a la Península”. Llevan un año en Huesca y ya no se quieren ir.

Así resumido suena bien, pero tampoco fue tan sencillo. En primer lugar porque Huesca quizá no era el sitio en el que hubieran pensado, aunque solo fuera por la distancia. “Pensamos en venirnos a la Península o intentar también volver con el tiempo, pero entonces nos salió la posibilidad de venir a Huesca. En un principio, pensaba que estaba muy lejos y todo el mundo me decía que al ser el norte haría mucho frío, pero no es para tanto ni mucho menos”, comenta Armando González, que forma parte del Regimiento de Transmisiones 1, una de las unidades del cuartel Sancho Ramírez de la capital.

Al principio, se desplazó solo, mientras realizaba todo el papeleo para poder venir con su familia, con su mujer y sus dos hijos de 10 y 12 años. “Al principio no querían al cambio, pero ahora están encantados. Dicen que es su ciudad”, asegura.

Por su parte, valora especialmente que se trata de una ciudad pequeña, en ese sentido, similar a Melilla. “Es una ciudad pequeña, pero tiene universidad, que incluso pueden estudiar aquí una carrera y, además, se vive muy tranquilo, con todo cerca, sin problema de aparcamiento”, asegura.

“Vine para probar y ahora ya mi idea es quedarme aquí”, afirma González. De hecho, “la vacante que tengo es de brigada-subteniente, de forma que puedo quedarme el resto de mi vida militar. Es la suerte que tengo y la idea es quedarme”, apunta.

“Los niños están encantados. Al principio, no querían, pero al ir al colegio y hacer amigos... pues lo normal”, insiste. También su mujer tenía ciertas reticencias al destino. Sin embargo, “con estar juntos ya le valía y, además, ella es Técnico de Asistencia a Personas Dependientes, está trabajando en la Residencia de Ancianos de Grañén y está muy contenta”, comenta.

Armando se adelantó con respecto al resto de su familia en su llegada a Huesca para conseguir también una vivienda en la que alojarse y, ahora, residen en uno de los pisos propiedad del Ministerio de Defensa que se ubican enfrente del acuartelamiento Sancho Ramírez. Por el momento, asegura que se han acoplado muy bien a la ciudad y remarca que su intención es quedarse a vivir en ella.

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